Movimiento suspendido
2025–2026
Los árboles han ido moldeando silenciosamente mi manera de ver el mundo desde que tengo memoria. Crecí en un terreno arbolado y pasé gran parte de mi infancia explorando un pequeño bosque, creando senderos, descansando en sus claros y aprendiendo a reconocer sus cambios estacionales. Esa familiaridad temprana ha permanecido conmigo, y los árboles siguen siendo un tema al que regreso una y otra vez en mi fotografía.
Lo que continúa fascinándome es la tensión entre su aparente quietud y la complejidad de su vida. A menudo percibimos los árboles como elementos fijos del paisaje, pero están constantemente creciendo, respondiendo, comunicándose y adaptándose de maneras cuya complejidad la ciencia continúa revelando. Visualmente, los encuentro igualmente vivos. En la quietud, sus ramas extendidas y sus hojas adquieren una cualidad gestual. Cuando el viento atraviesa la copa, las ramas se doblan, se superponen, tiemblan y recorren el espacio, creando una coreografía fluida y lírica.
Al intentar fotografiar esa sensación de movimiento y vitalidad, las exposiciones largas convencionales solían disolver los árboles en formas demasiado indistintas. En su lugar, comencé a combinar múltiples exposiciones, a veces cambiando mi posición o el ángulo de visión entre una toma y otra. Posteriormente, reuní estas imágenes digitalmente mediante métodos de apilamiento y enmascaramiento selectivo. El proceso dejó de centrarse en registrar un único instante para convertirse en una acumulación de fragmentos de percepción, algo más cercano a dibujar o pintar con fotografías.
A través de este proceso, espero sugerir algo de la vida contenida en estas formas familiares: no árboles como objetos estáticos, sino como presencias activas y cambiantes cuya complejidad resulta fácil pasar por alto precisamente porque forman parte tan constante de nuestro mundo cotidiano.